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HISTORIA DE ALMACENES EXITO......... (Como nacieron, crecieron y quienes son hoy en día)

Muchos de estos personajes antes mencionados, se quedan toda la vida con este medio de subsistencia, pero otros ahorran y logran establecer otra venta mejor remunerada y con más posisión social y económica.

Veamos el siguiente episodio que, aunque parezca una fantasía mía, es un caso sacado de la vida real, donde en parte, yo soy un testigo de dichos acontecimientos.

Como en todo cuento, hace muchos años, digamos cincuenta o más años, unos campesinos nacidos en los Municipios de Titiribí o Armenia Mantequilla, no estoy muy seguro, hicieron historia comercial; no sólo en Antioquia, en Colombia, si no en el mundo entero.

Por los años de 1970, a orillas del río Cauca, bajo las ramas de un frondoso tamarindo, y con el calor de de unos cuantos aguardientes, el señor Alberto Toro , propietario de la Hacienda Arbolitos, hermano del protagonista de nuestro episodio... me cuenta la sigiente historia.

Érase unos campesinos compuesta por los Hermanos Toro, pobres econonómicamente por herencia, pero ricos por cultura paisa.
Vivían en el Municipio de Titiribí, donde de una u otra forma luchaban por subsistir, pero este medio de vida no llenaba sus aspiraciones.
De pronto en una de esas reuniones familiares donde se hacen planes inverosímiles, se idean la forma de montar un negocito extraordinario.
Vender algún cachivache en la plaza de mercado.

Uno de los Toros viaja a Medellín, visita las empresas de textiles y en sus almacenes de rechazados o retazos encuentran el material ideal para sus propósitos.
Compran y empacan en talegos de lona, retales o retazos de:
lona, algodón, dulce abrigo, tafetán, seda fría, lienzo, liencillo, paño, dril naval, tela cruda, tul, cañamazo, dril armada, seda, tafetilla y otras tantas telas que producían las empresas textiles en el momento.

En nuestros pueblos antioqueños los mercados se realizan los días Sábados y Domingos.

Nuestros personajes del cuento, en pleno parque principal del pueblito de Titiribí, que a la vez hacía de plaza de mercado, regaban en el piso todos aquellos recortes de textiles y comenzaban su perifoneo bucal:
__¡Señores y señoras!...Acaba de llegar del extranjero las más finas telas de Italia, sedas de la China, Algod+on de Blanca nieves, lona de las carabelas de Colón, y cosas por el estilo.

Se arremolinaba los campesinos, las damas de alta sociedad, los finqueros encopetados, los vagos del pueblo, los limosneros y toda la tribu que componía la población de Titiribí y los pueblos cercanos.

Era un almacén a campo abierto y el primer autoservicio que se implantaba en Antioquia.
El campesino, ya fuera arriero, ganadero, cosechador de café, arranca yucas u otro oficio tomaba del suelo medio metro de lona para hacerse su delantal, taparrabo o tapapinche.
La humilde señora un pedazo de esa tela verde brillante para hacerle los calzones a las niñas, que hace tiempo andan a culito pelao y con estos fríos y tanta sabandija suelta, se le puede entrar un gusano o una culebra por el atajo.
El rico coge dos metros de dulce abrigo rojo para hacer las toallas, porque últimamente se estaba secando con una cobija.
La dama de dedo parado compra dos bolsas de algodón para hacer unas almohadas, pues su cabeza ya no aguanta más dormir sobre unos ladrillos envueltos en costales de cabuya.

La apertura de este ventorrillo fue un éxito total...Todo se vendió, desde luego, no era mucha la mercancía porque ni el dinero daba para más, ni estaban seguros que este emprendimiento diera resultado.

Arrancan de nuevo para Medellín a renovar el surtido, aumentan un poco las catidades y varí los productos
Traen cosas por encargo y a las personas de confianza les fían a uno o dos meses, y es aquí donde nace, el primer almacén con crédito, tan popular en Medellín.

Así lo siguen haciendo por mucho tiempo, y cada vez venden más y van ahorrando pesitos.
Al cabo de un buen tiempo ya tienen con que comprar un pequeño local o tienda al que le ponen el nombre de "Retacerías "Otra mina". Lo adecúan con estantería y entrepaños de madera.
Ya pueden tener abierto el negocio todos los días, con más y mejores existencias de telas, agregan productos de mejor calidad, van introducciendo nuevos elementos del consumo popular como, zapatos, ruanas, menaje de cocina, pastillas para el dolor de cabeza y todo aquello que la clientela, paso a paso iba preguntando.

El tiempo va pasando y esos campesinos, los señores Toro vivían de este negocio, eran respectados como unos de los comerciantes más prósperos de la población.

Pasan los años y la inquietud de estos pequeños comerciantes no se detiene.
Compran un local grande en pleno corazón de Medellín...El famoso Guayaquil o guayaco, como le decimos los paisas.
A este local lo surten de tal manera que tome la categoría de almacén con ventas al por mayor y al detal. No sé de donde sacan el nombre, pero le ponen almacenes "EXITO".

El ascenso en ventas continúa y ven la necesidad de crear otro dentro de la ciudad pero con mejores especificaciones y mejores servicios.
Luego otro y otro, y como si esto fuera poco se van regando por todo el país.

Hoy año 2009, creo que los campesinos Toro han fallecido, pero deben estar creando almacenes en el más allá.
Su ejemplo y verraquera paisa, han dejado para generaciones presentes y futuras, un modelo empresarial, de como se hace patria.

Esos secillos retazos que un día se ofrecieron en la plaza de un pueblito campesino de Antioquia, fue el parto de esa cadena de almacenes que hoy existen en colombia, siendo quizás almacenes "EXITO", uno de los hipermarcado más grande de Colombia, que da empleo a unas 40.000 personas en forma directa, y otros tantos en forma indirecta

Lo más digno de admirar de esta empresa, es, que aunque sus dueños actuales son socios multimillonarios, no por ello, han perdido su carácter altruista, y parte de sus ganacias las invierten en obras de beneficencia para aquellos que más la necesitan.



Crónica escrita por Carlos E. Alvarez editor de




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